Un estudio reciente describe la educación media, de manera atinada, como el eje articulador entre los esfuerzos en la primera infancia, la secundaria y la educación superior, pero además hace un énfasis especial en la debilidad de nuestros jóvenes en competencias cognitivas y socioemocionales para la convivencia, educación superior y la vida laboral. Esta fue nuestra reflexión sobre el tema en El Colombiano:

“Recientemente conocimos el estudio contratado por el Ministerio de Educación y desarrollado con la Universidad de Los Andes, que caracteriza por primera vez en muchos años, y de manera integral, la educación media en nuestro país. Lo dirigió el investigador Darío Maldonado y sus resultados son tan amplios como preocupantes. Ponen de manifiesto que es urgente actuar decidida y creativamente si no queremos seguir lamentándonos de más jóvenes en la calle y sin aspiraciones transformadoras para sus vidas. Las variables de análisis son calidad, cobertura, pertinencia. Y tiene en cuenta aspectos políticos, públicos, empresariales, familiares y personales. Ver: Características de la educación media, graduación, habilidades socioemocionales y la visión del sector empresarial, Universidad de Los Andes.

Es atinada la descripción de la educación media como eje articulador entre los esfuerzos, en la primera infancia, la secundaria y, por supuesto, la educación superior. El país sin duda ha avanzado y en los últimos 20 años hemos mejorado en acceso a la primera infancia y en educación superior tanto en cobertura como en calidad. Pero, si no hacemos algo realmente importante por fortalecer la educación media, seguiremos teniendo un puente roto y una desconexión entre todas las etapas.

Sin embargo, la deserción escolar no se presenta solo en los grados octavo y noveno. La pérdida de alumnos se da a lo largo del proceso educativo y con puntos críticos entre los grados quinto de primaria y sexto de bachillerato, pues de 100 niños que llegan al grado quinto, apenas 54 se gradúan de la media. El riesgo de deserción aumenta además en un 15% para aquellos estudiantes que están cursando el bachillerato en una sede que no cuenta con la oferta, pues esto supone que deben desplazarse o cambiar de institución para poder cursar los niveles.

Un primer llamado de atención para que el tema reciba una mirada más global y acciones en esos años de quiebre específico. Si la media es un aspiracional, porque responde a las necesidades, hace parte del ciclo de toda institución escolar y atrae por sus características a los jóvenes, seguramente el quiebre no sería de estas magnitudes.

Sobre la graduación, en los últimos siete años la tasa ha mejorado a nivel nacional casi en un 8 %, pero en la ruralidad, cerca de un 12 %. Buena noticia para los retos que tenemos en el desarrollo del campo.

Pero sin duda, lo que más nos llamó la atención tiene que ver con una apuesta que en Proantioquia estamos haciendo desde hace varios años: la educación socioemocional. El estudio hace un énfasis especial en la debilidad de nuestros jóvenes en competencias cognitivas y socioemocionales para la convivencia, educación superior y la vida laboral; refiriéndose específicamente a habilidades básicas como la comunicación asertiva, el trabajo en equipo y la resolución de conflictos.

Si dirigimos más esfuerzos a mejorar la percepción de los estudiantes frente a su capacidad de alcanzar metas y autorregular su aprendizaje; a la persistencia como la capacidad de obtener resultados, aún cuando estos se perciban difíciles; y al autocontrol como la capacidad de regular emociones y seguir buscando la resolución de problemas, seguramente estaríamos creando los ambientes que requieren los jóvenes en un mundo y en un país tan convulso como el nuestro. Harían parte de la transformación positiva y no de los problemas de la convivencia y la inclusión social”.

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