Celebramos que en medio de las discusiones cada vez más relevantes en la agenda nacional sobre la educación, se recupere el MAESTRO -en mayúscula- como el actor fundamental de toda transformación trascendente que busque mejores estudiantes y en especial ciudadanos solidarios, íntegros, comprometidos con el bien común, en definitiva más humanos. Y eso solo se logra con la complicidad amorosa de la dupla “familia-maestro”. Está suficientemente demostrado que el contexto familiar sigue siendo el principal factor predictivo de los resultados del aprendizaje. La protección temprana a los niños en la familia, en nutrición, salud y desarrollo socioemocional y cognitivo, es irremplazable. Pero se puede venir al traste si no encuentra el maestro dispuesto y habilitado para multiplicar responsablemente dicha protección en el proceso escolar y volverla competencias y convicciones de una vida ética y en valores comunitarios. Cuando un niño ingresa a la escuela, ningún otro factor es tan importante como la calidad humana y profesional de sus maestros.

El país y muchas regiones -destacándose Antioquia- y en el marco de importantes sinergias público-privadas, le está apostando con creciente decisión a fortalecer los trabajos de primera infancia y con las familias, para lograrlo. Pero en el caso de los maestros, si bien hay signos alentadores, como las becas de maestrías y la idea general de trabajar más sobre y con el maestro, los retos son muy grandes. Cómo resaltamos, estimulamos y formamos los maestros para una acción transformadora y humana por excelencia, es la pregunta que aún requiere más convicciones públicas y privadas de largo plazo. Sin el acompañamiento al maestro, sin fortalecer sus competencias socioemocionales y sin reconocer ampliamente su labor, nada significativo lograremos.

Reconocemos con amplitud mediática a los dirigentes públicos y privados, a los emprendedores, a los artistas, pero muy poco para su importancia en nuestro futuro personal, familiar y como familia, a maestros abnegados y líderes sociales y forjadores de hombres y mujeres buenos; que son muchos. Sin duda programas como Premios a la Educación, como Ser Más Maestro, como Rectores Líderes Transformadores, como el Centro de Innovación para Maestros que construye Medellín, son iniciativas poderosas y hay que fortalecerlas. Igualmente que el Gobierno Nacional busque iniciativas para que más y mejores colombianos sean maestros. Y que trabaje en nuevo estatuto, que les dé la importancia fundamental a las competencias comportamentales: a la sensibilidad interpersonal, al impacto e influencia, a la capacidad de comunicar y entender al otro, en fin, a la conversación y al liderazgo.

Pero necesitamos que desde todos los espacios sociales, generemos más respeto, amor y acompañamiento a nuestros maestros. Que los reconozcamos como amigos de nuestros proyectos de vida. Ayudemos todos para que así sea y el maestro profundice su liderazgo transformador.

Que la lista de los Conrado González, Nicolás Gaviria, Jorge Melo, Samuel Barrientos, Lucía González, Cecilia Lince, Ana Madrid y tantos otros que recordamos como forjadores de los proyectos de muchos antioqueños, la poblemos de más y más ejemplos -que los hay- porque logramos rodear de manera comprometida a quienes ejercen o aspiran a esta labor. Acompañar y reconocer a nuestros maestros, es un deber ciudadano inaplazable.

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