La semana anterior tuvimos dos situaciones inéditas, por decir lo menos, que involucraron a altos dignatarios del sector público y paradójicamente, pero al mismo tiempo por fortuna, de naturaleza diferente. La primera, en cabeza del señor alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, quien asumió el liderazgo directo, comprometido emocional y técnicamente con la situación, viral en las redes sociales, ocasionada por el abusivo desbordamiento de las características y condiciones de un atraco ciudadano. A plena luz del día, a la vista de todos, en una vía principal y con una desfachatez cínica frente a las consecuencias. Como si culturalmente sintieran que no pasaría nada.

Más allá de lo que puedan opinar algunos sobre si sobraba una que otra comunicación en las redes sociales, cosas intranscendentes, el Alcalde se jugó su credibilidad frente a la prioridad en el tema de seguridad; fue un paso adelante en los modos tradicionales de actuación de un mandatario.

Si tal asunción, como él lo ha explicado, tenía el objetivo de movilizar rápidamente las capacidades del Estado a todos los niveles y demostrar que sí se pueden resolver los problemas oportunamente, su actuación fue exitosa. Pero al mismo tiempo quedó en evidencia que la cadena de justicia (policías, fiscalía, jueces, castigo) es muy imperfecta y que si no se resuelve positivamente como tal, no será posible derrotar el crimen.

Invitamos a toda la ciudad a un acuerdo social para acompañar al Alcalde en su insistencia en que funcionen todas las instituciones de la cadena de justicia; que tal asunto sea una prioridad de política nacional y territorial. Y en consecuencia, que su gestión pueda centrarse fundamentalmente en apoyar dicha consolidación, y no hacer el trabajo de a quienes corresponde.

El segundo acontecimiento, más tranquilo en todo sentido, y como el país lo necesita, fueron los dos conversatorios en el programa Pregunta Yamid de los señores Procurador, Fiscal y Contralor nacionales. No tengo memoria reciente de estos tres poderes compartiendo problemas críticos de la sociedad colombiana y del sector público, para enfrentarlos coordinadamente. La Procuraduría y Fiscalía anteriores fueron el ejemplo de ambiciones personales, de ideas preconcebidas, del enfrentamiento mutuo y con los demás poderes del Estado, y en fin, de una tendencia clientelista evidente. Muy poco importaron los problemas de la gente.

Que estos tres poderes hablen de hacer un frente común, reconozcan que sin el trabajo integrado no pueden tener éxito y nos convoquen a todos los colombianos a colaborar frente al terrible asunto de la corrupción y de las ineficiencias del Estado no pueden ser sino convocatorias bienvenidas. También comprometámonos a apoyar para que se conviertan en políticas y acciones efectivas permanentes.

Nos llamó poderosamente la atención que el señor Procurador planteara un acuerdo o pacto social por la salud. Es una preocupación expresada sistemáticamente desde hace ya 12 años por Proantioquia, y sobre lo cual seguimos insistiendo; un Acuerdo que establezca una visión de largo plazo para el sistema, que tenga como ejes fundamentales: la perspectiva del derecho legítimo a la salud, la sostenibilidad financiera y el modelo de atención y eficiencia.