Una visión y gestión colectiva de desarrollo sostenible, no la redistribución, debe ser el objetivo superior del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, para esto es necesario una articulación y consenso entre las administraciones municipales alrededor de una pertenencia común, visión en la que debe seguir insistiendo el actual Director del AMVA. Sobre el tema reflexionamos en El Colombiano.

El Colombiano publicó recientemente entrevistas con los alcaldes del Valle de Aburrá, sobre su gestión. En su editorial del 26 de septiembre resaltó de las mismas: la falta de visión colectiva metropolitana, la excesiva preocupación de cada municipio por aumentar su infraestructura vial y su crecimiento urbano y el entendimiento principal del Área Metropolitana – AMVA – como un aportante de recursos para obras de infraestructura. Unas pobres ideas y hechos sobre nuestros retos metropolitanos.

Y esto a pesar de que aparentemente hemos evolucionado en los mecanismos de coordinación. En 1966 se creó Municipios Asociados del Valle de Aburrá (Masa) como coordinación voluntaria; en 1979 la Empresa de Transporte Masivo del Valle de Aburrá – Metro de Medellín y en 1981 el Área Metropolitana – AMVA- . Así mismo, desde 1980 se extendió la prestación de los servicios de EPM a los municipios conurbados. Otros mecanismos como Metrosalud, Metroseguridad y Metrofinanciera, lamentablemente desaparecieron o perdieron su carácter metropolitano.

Pese a toda esta evolución, aún no alcanzamos una gestión colectiva eficaz para el desarrollo sostenible. Una institucionalidad habilitada y acatada plenamente para tomar decisiones arraigadas en razones técnicas que sepan considerar sosegadamente el bien común y los futuros más deseables. Actuando integralmente frente a los retos del presente pero igualmente detonando y capitalizando las oportunidades para construir una conurbación con todos los atributos propios de la prosperidad y la sostenibilidad.

Y hay condiciones técnicas e instrumentos de gestión en planeación, movilidad y medio ambiente en el AMVA que aunque todavía tienen retos, evidencian aprendizajes institucionales que otorgándoles todo el peso legal, técnico y cultural, podrían acelerar un mejoramiento sustantivo de gobernanza metropolitana.

Dos grandes retos de gobernanza se requieren. El primero, la visión de largo plazo exige cambios en la forma en que se entiende y se lleva a cabo el ejercicio de la política y en el hacer de las organizaciones públicas. Hicimos esfuerzos por consolidar la región alrededor del Alcalde Metropolitano en la década de 1980, pero no nos preocupamos por un cambio en la mentalidad localista. Es necesario que todos (ciudadanos, gobierno y sector privado) reconozcamos que debajo de la fragmentación formal hay una unidad espacial y socioeconómica real, que debe gestionarse colectivamente si queremos vivir en el Valle de Aburrá.

En segundo lugar, hay acciones en el corto plazo para lograr una gestión metropolitana más audaz y armónica. Existen mecanismos formales en el AMVA para condicionar la entrega de recursos a la ejecución de proyectos que tengan ante todo impacto en la sostenibilidad urbana ambiental, social y económica, y que estén dentro de los instrumentos de planificación de la entidad. El condicionamiento de las transferencias permitiría aprovechar la misión de la entidad a favor del desarrollo sostenible y generaría incentivos para hacer coincidir los planes de desarrollo municipales y los de ordenamiento territorial con las normas obligatoriamente generales que promulga el Área en sus instrumentos de planificación.

Todas las soluciones posibles requieren del consenso entre las administraciones municipales alrededor de una pertenencia común. La gestión colectiva del desarrollo sostenible, no la redistribución, debe ser el objetivo del Área. Si en el camino se requiere redistribuir (y seguramente sucede) esta función no debe nublar el desarrollo sostenible como objetivo principal del Área Metropolitana. En esta Visión es que debe seguir insistiendo el actual director del AMVA.”

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