Esta semana en nuestro espacio de opinión en El Colombiano, publicamos la importancia y la necesidad urgente de tener una ruta inteligente de largo plazo basada en una política de seguridad urbana desde el gobierno nacional para enfrentar de forma efectiva grupos que ya son mafias y no simplemente reinsertados o delincuentes.  Así lo expresamos. 

“En el acuerdo con las Farc hay un punto, el 3.4.13, que permite al gobierno nacional presentar un proyecto para un proceso de entrega o de sometimiento por parte de grupos delincuenciales (…) Sabemos lo que significó la desmovilización del Cacique Nutibara y lo que podemos hacer (…) Un llamado de atención también al gobierno nacional, aprovechando que está el Congresista Federico (Hoyos) (…) ya tenemos algo avanzado doctor en eso. Estamos absolutamente seguros que si hoy hay una voluntad por parte de los cabecillas de las diferentes bandas de someterse o de acogerse a un proceso, eso va a ser muy benéfico para la ciudad. Y en esa misma línea está Barranquilla, Cartagena, Cali (…) Y eso sí que garantiza, le estoy hablando que pueden ser más de 10.000; ese proceso urbano puede ser más importante que lo que se está haciendo con las Farc en este momento y más benéfico para el país (…) Si somos capaces de hacerlo, de promoverlo, de motivar a la gente, con seguridad vamos a hacer algo histórico por la ciudad y desde la ciudad para todo el país”. Apartes tomados de la intervención de Gustavo Villegas, como secretario de Seguridad Ciudadana, en marzo 24 de 2017 durante Mesa de Trabajo del programa Medellín Cómo Vamos.

Esta intervención expresa elementos muy presentes en la historia de la política de seguridad en la ciudad: enfrentamiento al crimen organizado y búsqueda, al mismo tiempo, de fórmulas para su sometimiento. Pero con un grave problema estratégico: cada 4 años los gobiernos buscan formas propias de manejar las dimensiones. Los éxitos o fracasos anteriores no son explícitos. Entre tanto, el crimen le hace honor a su denominación de “organizado” y aprende de nuestras debilidades, transmite sus aprendizajes a las nuevas generaciones y se sofistica para enfrentar y permear la institucionalidad. Manejando sus tentáculos con habilidad para deslegitimar sistemáticamente los esfuerzos de las autoridades y corromperlas.

Un poco de memoria al respecto: que los éxitos durante la administración Fajardo en homicidios eran gracias a la “DonBernabilidad”; y después, don Berna acusando al alcalde Salazar de haber recibido su apoyo, con un testimonio desmentido luego por la Fiscalía Nacional. En el periodo de Aníbal Gaviria la disminución de homicidios la hacían aparecer simplemente como consecuencia del llamado “pacto del fusil”; y ahora, señalan al hoy exsecretario Villegas de gran socio para tal efecto.

Complementariamente han permeado la cadena de justicia. Comandantes de policía, fiscales, políticos y contratistas, han estado involucrados; y cientos de policías, destituidos. No dan tregua también a la corrupción.

La ciudad, necesita urgentemente una ruta muy pero muy inteligente, ciudadana y de largo plazo, para enfrentar este monstruo. Basada en una política contundente de seguridad urbana desde el gobierno nacional -no da más espera para las grandes ciudades- y poder enfrentar grupos que ya son mafias y no simplemente reinsertados o delincuentes. Y una combinación virtuosa de dicha política con programas locales que arrebaten de las redes del crimen a las nuevas generaciones.

En la próxima columna queremos continuar el tema y contribuir con elementos para un Acuerdo Ciudadano de largo plazo por seguridad integral, muchos presentes en los planteamientos y acciones del gobierno municipal.”

Compartidos