En nuestra reciente publicación en El Colombiano, continuamos nuestras reflexiones sobre la necesidad de un acuerdo urbano nacional por la seguridad. Resaltamos e insistimos en la importancia de apoyar positivamente que el vicepresidente Naranjo diseñe y acompañe estrategias para tal fin.

Un Gran Acuerdo por la Seguridad debe ocuparse, con tanto o mayor fuerza, de quitarle las nuevas generaciones al crimen organizado. Trabajemos por consolidar y fortalecer apuestas de ciudad como Buen Comienzo para que también tengan un Buen Final.

“Promoviendo un acuerdo ciudadano por la seguridad terminamos la columna anterior. Le damos continuidad, aportando modestamente algunas otras ideas al respecto; pensando en una ciudad para vivir más y mejor, todos.

Coincidió que este diario, el día de la columna mencionada, publicó una entrevista con el alcalde Gutiérrez sobre seguridad, de la cual destaco una frase: “He arriesgado mi propia vida. Pero lo que sí necesito y pido como alcalde es que esto no sea una pelea que solo deba dar Medellín”. Tiene toda la razón; es una lucha urbana nacional, con necesario y urgente liderazgo del Estado, en todos sus niveles.

Un aprendizaje reciente: en el 2011 se creó la Política Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, cuyos objetivos específicos son bastante comprensivos. Medellín, juiciosamente, se apoyó en ella y en 2012 formuló el Plan Integral de Seguridad y Convivencia Ciudadana. Pero como dice el especialista Hugo Acero, alguien “engavetó” la política nacional. Y entonces la articulación necesaria de niveles de gobierno nunca cursó de manera sistemática. La ausencia de un responsable nacional del asunto y la focalización en la desmovilización de las Farc, son quizás los responsables de la engavetada.

Pero ahora no hay excusa. No tenemos Farc en armas y el vicepresidente Naranjo tiene la responsabilidad de diseñar y acompañar la estrategia de seguridad urbana del país. Pidamos y apoyemos positivamente que lo haga, que se actualicen los instrumentos señalados, que diseñen intervenciones innovadoras, públicas y ciudadanas, para tal fin. Como lo han planteado muchos estudiosos, entre ellos el alcalde, necesitamos una nueva generación de políticas públicas, con estrategias que vayan mucho más allá de la militarización. Con más capacidad de movilidad de la policía, mayor cercanía y confianza con las comunidades, con cierta y vigilada articulación del aparato de seguridad con el sistema judicial, con una inteligencia que desestructure las organizaciones y no simplemente el microtráfico y las casas de vicio. Esta demanda debe ser acompañada, al igual que la convocatoria del alcalde a los alcaldes de las grandes ciudades para que se sumen. ¿Y por qué no, un encuentro privado del alcalde con los exalcaldes de Medellín, desde la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara, para recoger experiencias y aprendizajes?

Pero un Gran Acuerdo por la Seguridad debe ocuparse, con tanto o mayor fuerza, de arrebatarle las nuevas generaciones al crimen organizado. Y esto pasa por poner metas agresivas a programas como Buen Comienzo (con visión de Buen Final) y cero embarazo adolescente. Cero deserción educativa, no académica. Revolución en cupos para educación superior. Cientos de Centros y Parques en todos los barrios de Medellín.

Actuar y pensar así, exige pasar de un modelo de inversión de grandes obras, para intervenir agresivamente la ciudad desde abajo; desde la gente. Hay que ayudarle al alcalde a que refuerce esa perspectiva, que ha expresado y que trabaja en muchos de esos frentes. Un modelo de gerencia con enfoque territorial ayudaría enormemente a profundizar esta visión, si además como ha invitado el alcalde Gutiérrez, es necesario que como ciudad pensemos en el uso más estratégico de los importantes recursos del Municipio que se derivaran del inicio de la operación de Hidroituango.”

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