Esta semana en nuestro espacio de opinión en el Periódico Portafolio, expresamos la urgencia de superar las miradas formales o inmediatistas sobre el país, mirar la Colombia entera, y muy especialmente la violentada, que hoy quiere y trabaja para ser parte de un país más amable para todos. Esto exige un cambio de mentalidad: del pasado trágico a la construcción de un futuro para todos.

“A un año de la firma del Acuerdo de Paz, los mensajes de esperanza que hablaban de la posibilidad de pasar la página y escribir un nuevo capítulo, parecen debilitarse. Los titulares recientes en los medios se centran, ante todo, en los reclamos por incumplimiento de ambos lados, en las dificultades para expedir las normas que cumplan lo acordado, en los ataques viscerales a la Jurisdicción Especial, en el cálculo electoral personal y en los enredos de la política tradicional.

Quienes hemos buscado aportar propositivamente a la construcción de una ruta clara y confiable de transición, sabíamos por múltiples razones y experiencias nacionales e internacionales, que no sería fácil; que los obstáculos no desaparecerían una vez terminado el proceso de negociación. Sin duda, hay que estar atentos a que las Farc no queden sobrerepresentadas en ningún aspecto y a que cumplan para que el Gobierno haga lo propio. A dar seguridad a las víctimas. Y esa debe ser labor de los elegidos en los órganos de gobierno. Pero nunca imaginamos tanta ‘cabeza caliente’ permanente y tanto ejercicio negativo de la política, propiciando, por acción o por omisión, que las cosas salgan mal. Un escenario en el que todos seríamos perdedores. 

Y lo más lamentable es que tal ambiente nos impide enterarnos y tener presente lo que está pasando donde antes se disparaban los fusiles, allá donde había explosiones todos los días, allá donde el miedo y la extorsión eran reyes. ¿Acaso la disminución de la violencia, no merece titulares de primer orden, o ser tema de conversación tranquila, o cadenas por chat, o memes? ¿Acaso estamos impedidos como sociedad para superar el relato trágico? 

Mientras en las grandes ciudades el panorama no parece prometedor y nos seguimos debatiendo entre intereses y ataques, quienes con valor afrontaron la guerra conservan la valentía y ahora ponen su empeño en aprovechar los nuevos tiempos. Nos dan enseñanzas y esperanzas. “Claramente la tensión y la zozobra han cesado, no hay balas perdidas o explosivos pasando por encima de los salones de clases. El clima escolar ha mejorado notablemente; ya no hay trastornos en los horarios debido a las alertas de evacuación inmediata, la movilidad de maestros y estudiantes por los caminos y carreteras, es más segura”. Estas palabras hacen parte de la carta de un maestro de Caloto (Cauca). Y él continúa: “… es un triunfo para la comunidad académica, puesto que se está dando cumplimiento al derecho a la educación. Sin embargo, esta calma no es suficiente, estos meses de tranquilidad han demostrado que el conflicto armado era solo una causa del atraso en que están sumidas muchas instituciones educativas del departamento, que además de los actores armados hay otros responsables de esta situación que tienen que asumir sus responsabilidades y procurar los cambios necesarios, sobre todo de mentalidad”. 

Es urgente superar las miradas formales o inmediatistas sobre el país. Hay que mirar la Colombia entera, y muy especialmente la violentada, que hoy quiere y trabaja para ser parte de un país más amable para todos. Pero, como dice el maestro, sin duda, esto exige un cambio de mentalidad: del pasado trágico a la construcción de un futuro para todos.”

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