Nuestra democracia estará puesta como nunca a prueba en las elecciones del 2018. No solo por lo que significará la entrada de las Farc como actor político, sino por el inmenso reto que tenemos de construir una ciudadanía activa y crítica, más especialmente en aquellos territorios en los que el proceso de paz debe sentirse positivamente con más fuerza. Sobre el tema publicamos esta semana en El Colombiano.

“Anorí, Dabeiba, Ituango, Remedios y Vigía del Fuerte. Los cinco municipios del Departamento en donde se encuentran Zonas Veredales Transitorias de Normalización; sitios en los que los combatientes de las Farc comienzan su tránsito hacia la reinserción.

Una conversación con algunos de sus alcaldes es un llamado al optimismo. Después de decirles adiós a las armas, bajo la verificación y control de las Naciones Unidas, con la participación de las Fuerzas Militares; los alcaldes piensan que ya es posible mirar el futuro de otra manera y no temen a que excombatientes puedan trabajar en dichos territorios. Un punto en común tienen dichos mandatarios: destruir instrumentos de muerte, es la oportunidad para pensar ya más tranquilamente en herramientas de paz sostenible.

Sin duda su optimismo enfrenta múltiples retos. Como lo manifiestan: será prioritario aprender a convivir aún en la diferencia, a deponer el odio, a mirar positivamente lo rural. Hay expectativas muy altas en los municipios y como región no podemos ser inferiores a este llamado. Generar mejores condiciones de vida, proyectos económicos sostenibles, conexión a mercados, promoción de bienes públicos, nuevas oportunidades de inclusión social; son algunas tareas para no dejar frustrar su optimismo. Además, ya trabajan en concreto, como por ejemplo Remedios y Dabeiba, en recuperación forestal y Turismo Ecológico.

Recientemente algunos de esos alcaldes hicieron parte de una Misión Empresarial a Irlanda para aprender de la experiencia de ese país y ya se empiezan a formar grupos de interés para apoyar esos municipios. Y a nivel nacional y territorial los empresarios conciben fondos e iniciativas para estos fines.

A las Farc les corresponde aún muchos pasos muy trascendentes para el éxito de nuevos escenarios favorables de transición. Si efectivamente quieren hacer política, después de este hecho histórico de entrega de armas, sigue el próximo: romper cualquier vínculo con dinero proveniente de economías criminales y todo relacionamiento con la ilegalidad aún existente en los territorios. Es un riesgo que ni ellos, ni la sociedad, nos podemos permitir. Por supuesto, incluye entregar el inventario de sus bienes y recursos, poniéndolos a disposición de la reparación de sus víctimas. Y un plan comprometedor con un país libre, lo más pronto, de minas antipersona.

Pero hay que extender seriamente las exigencias de la ciudadanía a todos los partidos y movimientos hoy en la contienda electoral; limpiar definitivamente el ejercicio político de prácticas corruptas, tan frecuentes en muchos de nuestros partidos tradicionales. Resultaría incoherente que mientras exigimos y “no dejamos pasar una” a los nuevos movimientos, seamos tan laxos con los avales a candidatos cuestionados, sancionados o señalados por actos ilegales.

Nuestra democracia estará puesta como nunca a prueba en las elecciones del 2018. No solo por lo que significará la entrada de las Farc como actor político, sino por el inmenso reto que tenemos de construir una ciudadanía activa y crítica, más especialmente en aquellos territorios en los que el proceso de paz debe sentirse positivamente con más fuerza. Renunciar al matrimonio de armas y política ya fue posible. Ahora, debemos pedir el divorcio definitivo entre corrupción y política. Esta es nuestra oportunidad.

ZONA VEREDAL EN ANTIOQUIA, IMAGEN TOMADA DE CARACOL RADIO

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