Esta semana, en nuestro espacio de opinión en La Silla Vacía, reflexionamos sobre el rol de los docentes para la transformación desde los ambientes de aprendizaje. Entendemos que la educación es una actividad determinante para responder a las necesidades del siglo XXI, en ese marco, es pertinente avanzar en la reconstrucción de la percepción social del maestro. Así lo expresamos:

“Estudios recientes (Alvarez & Majmudar 2001, Compartir 2013, OCDE 2016) reafirman lo que hace más de una década se viene proponiendo: la calidad de los maestros es el elemento central para incidir en el mejoramiento de la educación.

Para que esto sea así se requiere asegurar que al magisterio lleguen los mejores bachilleres; que su formación inicial tenga un fuerte acento en la investigación pedagógica y  en la práctica (ir desde los primeros semestres al aula como aprendiz); que su iniciación profesional esté acompañado por maestros más experimentados, y que su formación en servicio esté acorde con las necesidades identificadas en su proceso de evaluación.

Pero, ¿cómo lograr que efectivamente lleguen los mejores bachilleres al magisterio? Lo cierto es que en nuestro país los jóvenes de buen desempeño en la media se definen por otras carreras. Áreas como ingeniería, economía, derecho o medicina tienen mayor demanda, lo que muestra que en nuestro imaginario la docencia no es, en muchos casos, un asunto aspiracional. 

Como entendemos que la educación es una actividad prioritaria para los cambios sociales que requerimos, se hace fundamental hacer la profesión docente atractiva. Esta situación pasa por tener y ejecutar políticas que vayan dirigidas a promover la valoración social de la docencia  y a favorecer asuntos como el bienestar de los docentes.

Estas ideas trascienden lo meramente salarial, y ponen el énfasis en el crecimiento personal y profesional; así como la posibilidad de contar con ambientes de aprendizaje innovadores que permitan desarrollar la función educativa de manera cercana a las necesidades actuales. Para esto se requiere de escenarios de formación y cualificación profesional basados en las necesidades que se identifican mediante evaluación participativa y pensada para el mejoramiento de su práctica.

El país viene avanzando en este frente con las becas de maestría docente, el ajuste salarial de 12 puntos que se acordó el año pasado y una nueva evaluación formativa que permite identificar las prácticas de aula. En el nivel local, Medellín cuenta con MOVA cómo un espacio de formación que pretende formar a los maestros a la medida de sus necesidades. Estas acciones van en la vía de aportar a la valoración social de la profesión docente. Desde luego este camino es complejo, pero ya hay unos primeros pasos en la dirección correcta.

De otro lado, es importante avanzar en la reconstrucción de la percepción social del maestro. Un camino posible es posicionar en el imaginario colectivo, a través de campañas publicitarias estratégicas, la figura del maestro como agente transformador e importante en la vida de los seres humanos. A esto se agregan los reconocimientos públicos, reflejados en incentivos monetarios y no monetarios, donde la posibilidad de visibilizar lo que hacen, ante otros maestros, juega un papel preponderante.

En varios de estos elementos hemos avanzado. Hoy tenemos reconocimientos especiales a los maestros (MEN, Compartir, Alcaldía de Medellín) y se han generado espacios para que algunos compartan sus buenas prácticas en distintos ámbitos. Sin embargo, aún es necesario que a estas iniciativas las acompañe un deseo genuino de los maestros para hacer que su profesión sea valorada gracias a los logros que tienen estudiantes y que padres de familia y comunidades reconocen. Para que esto sea posible, el compromiso de los maestros, hace la diferencia.

Consideramos que lo anterior suma para mover la voluntad y el interés de los maestros, pues se convierte en incentivos que los motiva a enseñar más y mejor y a potenciar su capacidad de aprendizaje individual y colectivo, y va en la dirección que señala Zoido (OCDE 2013) de que el apoyo a una profesión docente de calidad, en la que los profesores se sientan valorados y motivados para conseguir el mejor resultado de los alumnos, influirá más en el éxito”.

  • Este texto fue coescrito con Luz Celina Calderón, quien lidera la implementación de las estrategias de mejoramiento educativo desde Proantioquia.

[1] La Noche de los Mejores

[2] Premio Compartir al Maestro y al Rector

[3] Premio Ciudad de Medellín a la Calidad de la Educación

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