Insistimos en la importancia de pensar estratégicamente las inversiones, el trabajo y aprovechamiento del campo. Proponemos, como ejemplo de lo que se puede lograr, el proyecto Biosuroeste. Así lo explicamos en El Colombiano:

“Una sala con un saludo de bienvenida al planeta Marte, rompió con los esquemas en la reciente versión de Agrofuturo. Esa visión que planteó la Feria: “del agro tradicional hacia un agro empresarial, innovador y sostenible”, fue bien comprendida por un grupo de las denominadas Empresas B y transmitida a través de un mensaje directo. No desiertos; campo fértil.

La presencia de 400 empresas, el ingreso de cerca de 22 mil visitantes y la proyección de negocios por más de 300 millones de dólares, hablan del éxito de la feria. Pero no son solo los números, fue un compromiso como sociedad con nuestro agro y al mismo tiempo lleno de oportunidades económicas.

Se mostró la gran riqueza del trabajo colaborativo. Una atmósfera de esfuerzo colectivo nos hizo sentir la presencia de una nueva definición de éxito empresarial. Nos encontramos con una gran cantidad de compañías que se conciben pensando profundamente en su por qué y su para qué, donde retornos e indicadores financieros son solo una parte de la ecuación de éxito empresarial, balanceado con retornos sociales y ambientales. Son las empresas B.

Coincidieron los empresarios en la necesidad de hacer integración de alta calidad con los productores campesinos, aún muy ausentes en la cadena de valor y que estamos en mora, como país y como sistema, de reconocer mejor en la distribución de la riqueza generada. Igualmente los establecimientos agropecuarios como parte del entorno natural. Un ejemplo es el de la arrocera La Blanquita, que ofrece avistamiento dentro de sus cultivos.

Desde la prospectiva, podemos afirmar que nuestro agro está siendo pensado por cientos de empresarios como instrumento de sostenibilidad e integración social y con cadenas de valor, no solo empresariales, sino también territoriales.

Pero para que esa ruta sea exitosa, fue generalizado el reclamo por una institucionalidad más decidida, clara y audaz para que en conjunto con los privados, Colombia logre la dinámica que requiere para ser un jugador de talla mundial en el tema. Son muchas las nuevas hectáreas potenciales que el país tiene para montar su sistema “agro futuro”, pero los próximos 5 años serán clave. Los expositores y visitantes internacionales reiteraron nuestra potencialidad.

Ojalá sepamos interpretar los aprendizajes de Agrofuturo con mayor responsabilidad e inteligencia colectivas. Debemos aportar desde todos los sectores; de nuestro lado, le apostamos al desarrollo del Agroparque BioSuroeste en la nueva provincia de Cartama, como un hito de la nueva agricultura empresarial y socialmente responsable.

Pero lo que más entusiasma es el mensaje que escuchamos de gente joven: “Desde que tenía 4 años me estaban diciendo mis padres y familiares que tenía que estudiar para irme del campo; siempre pensé que podía estudiar para quedarme y eso fue lo que hice. Lo que queremos lograr ahora es transmitir ese mismo mensaje: que los jóvenes trabajen por el campo…” Así nos lo dijo Marleny Ramírez, una campesina de El Santuario, agrónoma especialista en plantas medicinales, que desde hace 6 años lidera, con el acompañamiento del Sena, un laboratorio de transformación de frutas y plantas, en cosméticos”.

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