A raíz de los retos ambientales que viene atravesando Medellín en los últimos meses, hemos dedicado nuestro espacio de opinión en El Colombiano, para profundizar sobre el tema y llamar a la acción por un verdadero compromiso, no solo por el aire de la ciudad, sino, por otros aspectos igual de importantes, y que no pueden ser ajenos a nuestra cotidianidad si de verdad queremos un cambio real para lograr una región cada vez más sostenible. Esta es nuestra reflexión.

“Las últimas semanas han sido como nunca intensas en debates sobre la calidad ambiental de Medellín, pero progresivamente hemos ido más allá: más personas e instituciones participando positivamente frente al tema. No a acciones radicales dirán algunos. Sin duda, pero decisiones prácticas y apropiadas por muchos. Frente a la gobernanza sobre la provisión de bienes públicos, creo más en la suma de acciones de todos y todos los días, como responsabilidad colectiva en acción, que en las grandes promesas estructurales. Nuestras tragedias ambientales son el mejor ejemplo; tenemos los mejores programas y las mejores leyes, ¡dicen los gobiernos!

Fórmulas inmediatas para mejorar el combustible; baja de las volquetas de más de 20 años del municipio; disposiciones más favorables al uso de vehículos eléctricos; un sector moderno de inmobiliarios insistiendo en sembrar de su cuenta, y lo más rápido posible, los 60 mil árboles que debe por obligaciones con la ciudad y planteando una propuesta innovadora para financiar la renovación de todo el parque de volquetas y la racionalización geográfica de sus recorridos; autorización de buenos parqueaderos cercanos a las principales estaciones del Metro y más vagones; urbanizaciones y empresas asumiendo servicios de bicicletas. En fin, muchas voluntades en marcha y muchas más a incentivar. Hay colectivos verdes cuyas propuestas merecen toda consideración.

En este contexto hay ejemplos empresariales interesantes. El Sistema Metro en 2015 evitó la emisión de 199.416 toneladas de CO2 y el consumo de 22 millones de galones de diésel. El Grupo Orbis recicla 600.00 botellas PET y evita 575 millones de toneladas de compuestos orgánicos volátiles. Socya en 2015 aprovechó 35.720 toneladas de vidrio, logrando la reducción de 53.509 toneladas de CO2. Locería Colombiana ganó la mención a la empresa más ecoeficiente de Colombia por su proceso de uso y reutilización de aguas industriales en el pulido de piezas y en el enfriamiento de sus máquinas.

Históricamente el sector de las curtiembres (que convierte las pieles de los animales en cuero) ha sido uno de los de mayor impacto ambiental. Por eso hay que celebrar la nueva planta de Vélez y Vélez, que ahorrará un 40 % en uso de agua, 30 % en energía, 71 % en consumo de ácido sulfúrico y 100 % en vertimiento de agua.

Una mención especial a Peldar, objeto hace poco de redes sociales maledicentes y falsas. Tiene una reutilización promedio año de 113.000 toneladas de vidrio, el uso del gas natural como la alternativa de combustible más limpia, el encapsulamiento de todas las emisiones de material particulado para evitar contaminación del aire y paneles aislantes de ruido, que le permiten a esta empresa cumplir con holgura los estándares ambientales.

No quiero pasar de ingenuo. Nuestro modelo de desarrollo inexorablemente entraña conflictos ambientales. ¿Cuántos? Va a depender sin duda de que existan buenas regulaciones, que eviten el deterioro irremediable y que se cumplan. Lo que no puede ser, es que toda la actividad de nuestra ciudad entre en crisis porque se presenten retos. Hay que monitorear rigurosamente, que se apliquen con todo rigor las normas que se deben y que todos nos comprometamos a cumplirlas. Y si actuamos con más exigencia que otras ciudades, seremos más envidiables como lugar para vivir. E igualmente si nos ven trabajando juntos para ello”.

Compartidos