El politólogo de la Universidad de Antioquia, Sebastián Quintero, acaba de ganar el Premio Nicanor Restrepo Santamaría a la Investigación Social, de Proantioquia, con el trabajo ‘Zona de Reserva Campesina del Valle del río Cimitarra en el Magdalena Medio colombiano: Acuerdos comunitarios para el uso del territorio’.

Este reconocimiento es para él un impulso a la carrera como investigador social que desarrolla en el Semillero de Estudios Políticos Rurales del Alma Máter desde hace cinco años. Con Sebastián conversamos sobre el Premio y la importancia que tiene; sobre su trabajo y sobre los retos que a su juicio tiene la investigación social en Colombia.

¿Qué representa para ti como investigador ganar el Premio Nicanor Restrepo Santamaría a la investigación social?

Ganar este Premio representa un reto grande en el sentido de seguir afianzando metas investigativas personales, pero también metas grupales con el Semillero de Estudios  Políticos Rurales de la Universidad de Antioquia que he venido integrando desde hace alrededor de cinco años. Ganar el premio representa un empujón y una fuerza para seguir haciendo trabajos de campo, para seguir construyendo categorías que puedan leer mejor la realidad; y definitivamente el Premio es un impulso en el proyecto individual y en el proyecto colectivo de seguir construyendo investigación social, investigación desde el territorio e investigación para entender mejor los problemas del país y para tratar de aportar lentes de comprensión para la resolución de todos los problemas sociales, políticos y económicos que están presentes en el país.

Cuéntanos un poco sobre el trabajo con el que ganaste y el aporte que hace al país.

El trabajo trata de describir y caracterizar un tejido asociativo comunitario que se construye al interior de la Zona de Reserva Campesina del Valle del río Cimitarra, pero enfocado en las veredas que organizaciones sociales como Cahucopana, definen como parte alta y baja en Remedios, en el Nordeste (…).

Lo que se quiso configurar es que estas comunidades construyen instituciones comunitarias que logran regular y administrar el acceso a uso y recursos de sus territorios. Esto para destacar el papel que ya vienen haciendo organizaciones sociales y comunidades en la apropiación del territorio, en la defensa y en la resistencia de estos territorios, y cómo su visibilización y el tratamiento desde la agenda investigativa también puede permitir un impulso a estos proyectos en el sentido de que la zona de reserva campesina es un instrumento de la política de tierras a nivel nacional, pero se ha solventado y los avances que ha tenido es gracias a los aportes de las comunidades, no tanto así del Estado.

Entonces esta zona de reserva campesina, en la medida que representa un instrumento en la política de tierras para regular el acceso, para controlar los latifundios improductivos, para controlar la expansión inadecuada de la frontera agrícola y, sobre todo, como una zona donde hay una población objetivo concentrada, cohesionada, alrededor de organizaciones comunitarias, puede permitir programas y proyectos pilotos en proyectos productivos y la gestión de bienes públicos rurales que ya vienen adelantando las comunidades para que se hagan en apoyo y en consecuencia de la responsabilidad del Estado.

¿Por qué son importantes premios como el Nicanor Restrepo Santamaría?

Son un incentivo para que los investigadores jóvenes sigan investigando, sigan haciendo trabajo de campo, y sobre todo que sigan promoviendo debates y discusiones alrededor de los territorios, de la ruralidad, y de todas las agendas de investigación existentes.

También resulta un incentivo para que se hicieran trabajos rurales y de visibilización del campesinado. Es un premio también que, de forma individual, sirve para complementar y cimentar un proyecto de vida, un proyecto en la investigación social abriendo oportunidades para seguir en otros niveles de formación.

¿Cuáles son los principales retos que crees tiene la investigación social en Colombia?

Son varios los retos: el primero es poder configurar una infraestructura, una institucionalidad que sea soporte y que incentive toda la investigación social en el país, ya que digamos que en la agenda investigativa ha habido sesgos por promover investigaciones en tecnología, ciencia, medicina, que por supuesto son importantes, pero la investigación social se ha quedado un poco corta (…).

Lo segundo es poder cruzar agendas y permitir debates, porque a veces se cruzan debates que son de moda, pero hay agendas de investigación que tienen que darse la oportunidad para que se visibilicen. Un caso es el tema rural, que se dejó por mucho tiempo de lado en la academia y que de una u otra manera los diálogos de paz permitieron que se abriera esa discusión, que se abrieran disputas conceptuales, de categorías y de sentidos de cuál debe ser el desarrollo rural (…).

Y un tercer reto definitivamente es que haya una correspondencia, porque las universidades tienen que ser quienes aporten lecturas, lentes de comprensión de los problemas y de la realidad social del país; y tiene que definitivamente haber una compañía entre las universidades, los investigadores y las instituciones encargadas de tomar decisiones públicas para que escuchen y atiendan también como llamados, a través de la evidencia empírica, a través de los debates conceptuales, para que se apoyen más en la evidencia que tienen las comunidades.

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