Un grito

01 Aug 2022
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Por quien no votar

Ni en la casa ni en la calle las mujeres estamos seguras en Medellín. El más reciente informe de Medellín Cómo Vamos —2021— reveló que una de cada tres mujeres no salía a la calle de noche porque se sentía insegura. Tenemos miedo. Y como si eso no fuera una señal de alerta, en cifras de Medicina Legal el 37 % de los homicidios de mujeres ocurrieron en su casa. ¡El horror!

Como dice la canción del Gran Combo de Puerto Rico: “este mundo no es para quedarse, pero es que no hay otro mejor para mudarse”. ¿A dónde nos tendremos que ir las mujeres para estar y sentirnos seguras? La respuesta es que no tendríamos por qué escondernos, ni mucho menos pensar en huir. No es normal sentir ese temor. Es mandatorio tener garantías, respeto, seguridad, autonomía económica, libertad para tomar decisiones y movernos.

Las conquistas ciudadanas de las mujeres significaron el cambio más profundo de la sociedad en el siglo XX y aunque el XXI se veía y añoraba como el de la consolidación de nuestros derechos y el camino seguro a la igualdad, esos avances parecen estancados. ¡Muy duro!

Hemos luchado por nuestros derechos y por ganarnos un espacio en lugares de toma de decisión. Trabajo, preparación, esfuerzo. Además, nos ha correspondido la responsabilidad —carga solitaria?— de argumentar y defender la equidad. Es como si ese concepto, tan profundo y bonito, no fuera suficiente porque también nos toca hacer visibles las razones económicas y sociales de nuestra presencia en el mundo laboral y la importancia de ocupar cargos directivos y de liderazgo. ¿A son de qué?

Decir que las mujeres nos enfrentamos a enormes retos para trabajar y que nos paguen en igualdad de condiciones es un asunto que está lejos de ser paisaje o un disco rayado. Los números lo reafirman: después de la pandemia, cuatro de cada diez empleos que se recuperaron fueron solo para las mujeres.

En la denominada economía del cuidado las cargas son desproporcionadas: en Medellín y su área metropolitana las mujeres dedicamos a la semana cerca de 13 horas más que los hombres a cocinar, limpiar, planchar y cuidar a otros y eso se refleja, entre muchas otras cosas, en el puntaje de las pruebas Saber 11, donde alcanzamos los peores resultados en todas las áreas del conocimiento. Aún más, en el 2020, del total de graduados de doctorado 65 % eran hombres, mientras 34 % fueron mujeres. ¡De llorar!

Medellín, estancada en su agenda social, es una ciudad que le urge reconocer la fuerza, potencia y rol de sus mujeres.

Un grito: estos números y realidades están lejos de acobardarnos, encerrarnos o llevarnos a claudicar. Todavía tenemos muchas luchas que dar y que no pueden emprenderse en solitario. Necesitamos aliados: hombres y mujeres que, en condiciones de equidad en cargas, toma de decisiones, trabajo, remuneración, seguridad, cuidado, nos permitan avanzar y seguir abriendo caminos.

Un grito por todas las mujeres de Medellín, por sus dolores, carencias y anhelos.

Columnista: María Bibiana Botero | Presidenta Ejecutiva de Proantioquia

www.elcolombiano.com

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